Un ciudadano o ¿un periodista?
Avanti presto. Los acontecimientos hoy en día se suceden con tal rapidez que se hace necesario la presencia de un periodista en cada esquina para captar así las imágenes en el momento preciso. Sería lo necesario, pero es inviable que los medios de comunicación dispongan de, por así decirlo, periodistas de calle haciendo guardia constantemente. Los reporteros han utilizado desde siempre las opiniones de los testigos directos para confeccionar sus informaciones. Sin duda, resulta mucho más atractiva una noticia en la que aparezca la opinión de los ciudadanos como si de un espacio de participación se tratara. Hay que darle voz al pueblo.
Tras los atentados del 7-J en Londres muchos ciudadanos que tuvieron la mala fortuna de encontrarse en aquellas circunstancias se sirvieron de sus teléfonos móviles para captar las imágenes que, posteriormente, los medios de comunicación reprodujeron en sus informativos. Tenían una pésima calidad pero demostraron el horro al que se vieron sometidos por los terroristas. Precisamente, ¿no han utilizado en alguna ocasión los vídeos de las cámaras de seguridad de, por ejemplo, un banco para ilustrar la noticia de un robo? El caso es que considero que todo está ya inventado, y nos aprovechamos de los avances tecnológicos. Destrozar la teoría de “un ciudadano, un periodista” es realmente fácil: todos esos vídeos captados en el instante a través del móvil o todas esas imágenes realizadas por videoaficionados son, sin duda, documentos únicos e imprescindibles que aportan veracidad a los acontecimientos, pero resultan meras fuentes de información (“meras fuentes”) que los periodistas se encargan de recabar y confeccionar en forma de noticias.
El ejemplo del diario Oh my News tiene el peligro de que las informaciones sean inciertas. Si hasta a los profesionales de los medios se les escapan los intereses que pueden tener los protagonistas de las informaciones, ¿cómo vamos a pretender que los ciudadanos sepan informar fiablemente? La proliferación de los blogs en Internet ha generalizado la presencia de pequeños informadores que disponen de
sus espacios para denunciar o contar lo que les viene en gana. Los blogueros sienten la necesidad de comunicar, de transmitir hechos y realidades, aunque la importancia de estos espacios queda ínfimamente obsoleta al conocer ciertas estadísticas que demuestran que la sociedad no está interesada en los blogs, ya que su lectura se encuentran en el puesto 13 de los usos de la red y, lo más revelador todavía, es que el 66% de los internautas no acceden nunca a estas páginas personales.
Una de las conclusiones que se ha transmitido al respecto en el Congreso Nacional de Periodismo Digital de Huesca es que se ha puesto de manifiesto que existen dos caras en las nuevas tecnologías. Por un lado, la miniaturización de los dispositivos y la posibilidad de informar de forma inmediata es una clara ventaja, pero para el propio periodista (repetimos: “periodista”). No obstante, como la inmediatez es uno de los problemas para los reporteros, dotan a las personas el rol de testigos de la historia.
Desde que el The Chicago Tribune lanzara en el año 1992 una versión integral de su periódico en línea se generalizó el uso de las tecnologías digitales en el ejercicio del periodismo, y curiosamente desde que paulatinamente los medios de comunicación comenzaran a instalarse en Internet, la que teníamos de lo que era un periodista ha dado un giro de 180º.
Pese a todo, a la vista está que todos nos encontramos ante un panorama que acentúa aún más el protagonismo de los lectores. Es admirable, pero repito que su opinión debe ser tomada como complemento a la información y para demostrar lo que piensan los ciudadanos. Es algo que tengo claro. Los ciudadanos tienen que tener su espacio para alzar la voz sobre lo que consideran un problema.











Cinco años haciendo una carrera para que ahora vengan con la idea del periodismo ciudadano y la posibilidad de que los propios lectores hagan de periodistas. Una muestra más del descrédito en el que quieren enterrar a nuestra profesión. Como bien dices, un ciudadano corriente puede informar sobre un hecho, pero actuando como fuente o testigo, nunca podría sustituir a un profesional con años de experiencia a sus espaldas. Aunque no te extrañe que dentro de poco los medios de comunicación prescindan de los profesionales para escribir lo que les manden los ciudadanos. ¿Para qué servimos nosotros entonces?
Mario Toledo
04/03/2006 a 7:03 pm