Monseñor Belo:“El primer paso en Timor es restablecer el orden público"

El Papa Juan Pablo II lo dijo bien claro mientras vivía: “La guerra es siempre una derrota de la Humanidad”. Corazones de plomo y la dignidad perdida. La dictadura indonesia no hubiera podido invadir Timor y desafiar las leyes internacionales sin el respaldo de algunos países occidentales, en particular de EE.UU.Hasta que el atroz balance de muertos no comenzó una inevitable escalada ascendente los medios de comunicación obviaron informar sobre aquel conflicto, aparentemente tan alejado para las mentes occidentales. Fue un conflicto ignorado. Timor-Leste consiguió la ansiada independencia. Este hecho tuvo mayor repercusión y reconocimiento mundial con la atribución del Premio Nobel de la Paz al obispo Carlos Felipe Ximenes Belo en octubre de 1996. Incluso la cantante colombiana de moda, Shakira, ha rendido homenaje a este pueblo oprimido durante muchos años en una de sus canciones.

Sus palabras resultan siempre pacificadoras. Consigue, pese a la falta de dominio del castellano, reflexionar a la gente que le escucha. “La paz no es sólo la ausencia de guerra. Hay que cultivar la justicia, el respeto, el aprecio por otras culturas y la naturaleza”. Para este co-gestor de la independencia pacífica en Timor-Leste, la precaria situación por la que atraviesa actualmente este joven país, en el que “hay grupos antagónicos de jóvenes que practican la violencia y ponen en peligro la independencia de Timor”, se puede solucionar; en primer lugar con el restablecimiento del “orden público, consolidar los órganos soberanos y que el pueblo los respete”.

En una segunda fase, hay que “hablar con el pueblo y atender los problemas como la falta de justicia, pobreza y desigualdades, lo que llevará tiempo y precisará de perseverancia”. Vamos, vaciar de contenido las categorías consideradas como universales y encontrar una moral de mínimos que permita establecer el diálogo entre distintas facciones y colectivos. Es la cultura de la paz, que se basa “en reconvertir las mentes y corazones para el diálogo entre culturas, pueblos y civilizaciones”.

Lo triste es que “mientras exista el hombre siempre habrá guerras”, porque lo que el mundo necesita es que “todos los pueblos, aún con sus diferentes estrategias, practiquen una educación para la paz”. Es así de cierto y así de triste.

José M. Sánchez “Daze

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