De la selva de asfalto a la lujuriosa ruralidad

En aquel paraje sin igual, los resquicios de un lejano pasado se actualizaba en la mente de todos. Qué decir de las minas de oro que los romanos explotaron hasta dejar un paisaje, ante todo muy original: Las Médulas. Un Paisaje Cultural, resultado de la intervención romana en un territorio a lo largo de dos siglos y de los cambios experimentados en ese territorio hasta la actualidad. Maravillosamente espectacular. Su importancia, sin embargo, va mucho más allá de los monumentales restos de la minería de oro romana, ya que es el producto de los cambios históricos de todo tipo que esa explotación y dominación. Así es El Bierzo.

Un lugar de esencial importancia rural, en auge en los últimos años. Es por eso por lo que, quizá, se construyó el Palacio de Prada en Canedo. Un extraño caserón, habitaciones reservadas a personas que viven en la más extrema opulencia, donde se ofrecen los caldos y los manjares típicos de León. La gente es acogida como si se conociera de toda una vida. Con un cielo inspirador y unas miradas nostálgicas, terminamos por sesgar el presente, deshojar el pasado y desear un regreso. Pero todo tiene un final, y el mío finalizó en el momento en el que nos despedimos de su entrañable propietario para enlazar el camino de vuelta a este pueblo de seis millones de personas en el que la gente vive una fulgurante ambigüedad.

Mentes asexuales, las que se refugian en el corazón madrileño. Mentes deshechas, qué terriblemente es estar vivo abriendo las puertas de almas en pena. Ya de regreso a casa, a mi pequeña pero adorada casa, me di cuenta de lo afortunado que soy. O pretendo serlo. Las fervientes locuras son contraproducentes pero esenciales para una intensa vida, la que todos queremos llevar pero no todos pueden. En ese devenir futurista, aquel simpático desdichado comía como si se dejara su vida en ello, su esfuerzo y su ilusión, despedazando el pan grotescamente entre sus manos. Me siento atrapado en un teatro sin escenario, con artistas noveles y actores tan realistas que parecen auténticos.

Es la banal e insalubre vida. Pero preocupada por ello no estaría esa señora que se sentó frente a mí. Llevaba un ordenador portátil. Desconocía la marca pero eso no fue lo que me llamó la atención. Quizá tuvo un mal día, se le notaba en sus desesperadas manos. Intentaba ocultar ese onírico momento. Pensaría que era un sueño todo lo que le acababa de ocurrir. Seguía intentando ocultar su pesadumbre, su mirada se escondía entre guiños nerviosos. Seguro que era una sumisa, y que quería quitarse de encima todos sus problemas rápidamente. No querría que su marido, al que adoraba pero que odia en la intimidad, la sintiera distante. Simplemente, trataba de encontrar la fuerza necesaria para complacer al hombre que le espera en casa. Sin látigo pero con el terrible poder del chantaje emocional. Quien no lo domina, está perdido. Quien lo sufre, no está vivo.

José M. Sánchez “Daze”

Nota: Este autor no acostumbra a ser tan personal en este blog. Para eso ya tengo otros. Pero creo que la ocasión lo merecía. Más que nada porque el trabajo y las clases me absorben y todavía no dispongo de Internet en casa para poder escribir de temas más importantes y relevantes. (Malditas compañías).Prometo volver a los inicios cuando tenga algo más de tiempo.

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