Reflexiones de la historia (II)

“Sólo podéis ser independientes de Dios mientras conservéis la juventud y la prosperidad; la independencia no os mantendrá a salvo hasta el fin”. Bien, el caso es que actualmente podemos conservar y conservamos la juventud y la prosperidad hasta el final. ¿Qué se sigue de ello? Evidentemente, que podemos no depender de Dios. “El sentimiento religioso nos compensa de todas las demás pérdidas”.

Pero es que nosotros no sufrimos pérdida alguna debamos compensar; por tanto, el sentimiento religioso resulta supérfluo. ¿Por qué deberíamos correr el busca de un sucedáneo para los deseos juveniles, si los deseos juveniles nunca desaparecen? ¿Para qué un sucedáneo para las diversiones, si seguimos gozando de nuestros viejos pasatiempos hasta el último momento? ¿Qué necesidad tenemos de reposo cuando nuestras mentes y nuestros cuerpos siguen deleitándose en la actitvidad? ¿Qué consuelo necesitamos si contamos con el soma? ¿Para qué buscar algo inamovible si ya tenemos el orden social?

-Entonces, ¿usted cree que Dios no existe? -preguntó el salvaje.

-No, yo creo que probablemente existe un dios.

-Entonces, ¿por qué…?

-Pero un dios que se manifiesta de manera diferente a hombres diferentes. En los tiempos posmodernos se manifestó como el ser descrito en estos libros. Actualmente…

-¿Cómo se manifiesta actualmente?-preguntó el salvaje.

-Bueno, se manifiesta como una ausencia; como si no existiera en absoluto.

-Esto es culpa de ustedes.

-Diga mejor qu es culpa de la civilización. Dios no es compatible con el maquinismo, la medicina científica y la felicidad universal. Es preciso elegir. Nuestra civilización ha elegido el maquinismo, la medicina y la felicidad. Por eso tengo que guardar estos libros encerrados en la caja de seguridad. Resultan indecentes. Son antiguos. La gente mostraría desagradablemente sorpendida si..

El salvaje interrumpió.

-Pero, ¿acaso no es naturar creer que existe un Dios?

-La gene ahora nunca está sola. La inducimos a odiar la soledad; disponemos de sus vidas de modo que resulte imposible estar solos alguna vez.

El salvaje asintió sombríamente. En Malpaís había sufrido porque lo habían aislado de las actividades comunales del pueblo; en el Londres civilizado sufría porque nunca lograba escapar a las actividades comunales, nunca podía estar completamente solo.

Aldous Huxley, ‘Un mundo feliz’.

Reflexiones de la historia (I)

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2 thoughts on “Reflexiones de la historia (II)

  1. [...] Reflexiones de la historia (II) [...]

  2. Laura dice:

    muy interesante

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