Reflexiones de la historia (VII)

La verdadera locura quizá no sea otra que la sabiduría misma que, cansada de descubrir las vergüenzas del mundo, ha tomado la inteligente resolución de volverse loca. (…) Mientras se arreglaba y lavaba en un cuarto de aseo comunal, estuvo más preocupada de sí misma y de lo que los otros pensarían de ella que de observar y pensar en los demás. Vio que las reclusas, talcomo le anunció la víspera para Monserrat, apenas vestidas, se dedicaban a diversas faenas: hacer sus camas, ordenar sus cuartos, fregar los panales. La primera vivencia que quedó en ella fue este cuadro entre cómico y peregrino, pero que juzgó triste y desolador, y en cualquier caso inusual a sus pupilas. Si algún día se viese precisada o tuviera la ocurrencia de redactar sus memorias, no dejaría de describir la cola formada por aquellas mujeres desconocidas y de aspecto muy diferenciado y “especial” que avanzaban muy dignas -orinal en mano- camino de los lavabos para vaciar en los retretes la carga nocturna de sus vejigas”.

“Los renglones torcidos de Dios”, Torcuato Luca de Tena

Reflexiones de la historia (VI) 

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