Como un inmigrante

“Camino por las calles que una vez, guardaron mi secreto de niñez y hoy no los encuentro”. Escuchando música mi mundo se alterna. Es me medicina. El viento de mi entorno me susurra el camino que debo seguir. Pero a la vez me devuelve a la nostalgia. Es pasajera, sí, es breve y casi efímera, cruza mi mente como un fugaz rayo de luz. Madrid no me ha cambiado. Me ha hecho crecer. Me ha hecho madurar si antes no lo era. Pero también pagando un precio bastante alto.

“Hoy encontré todas las ventanas rotas, y vuelvo a ser un recién llegado más, todo ha cambiado y yo no me encuentro”. Dejar atrás los sentimientos y las amistades que un día me hicieron vibrar es duro. Hay que mantener el coraje bien alto como para saber que se trata de una etapa, que ésta cambia y evoluciona, y que las personas que de verdad importan permanecen ahí a la espera de todo.

“Como un camión de paja mal tapado, dejé mi alma por todos lados, se fue desmenuzando”. De vuelta a casa, meses después, me encontré un mundo distinto al que dejé. Era gris y sereno. Tranquilo y sin demasiados cambios. Prácticamente ninguno. Inalterable al desaliento, extraño al cambio y receloso de las novedades. Poco más, la verdad.

“Y es que es verdad que el tiempo no te espera, hoy soy aquí solo un extranjero más, un inmigrante del desaliento”. Desgarrando el destino que quise entablar, conjugando los atuendos que nunca quise probar. Así llegué. Y es que regresar a Elda, mi ciudad natal, recorrer sus calles y sus escasas avenidas no tiene nada más allá que el derramar una lágrima al vacío y resignarse a que la gente que más quiero ya ha comenzado a olvidarte.

Quizá siempre me preocupo demasiado en las relaciones, tanto de amistad como de pareja. Es posible que eso me venga de mucho tiempo atrás donde me esforzaba por competir con el más fuerte para tratar de dejar patente mi forma de ser, una forma de ser que, con el tiempo, estoy consiguiendo valorar pero que muchos sacrificios y lamentos ha conllevado.

Este es mi año. Lo siento así. Se ríen de mí porque lo pienso en voz alta pero me siento capaz de hacer cualquier cosa, aunque siempre es el amor quien tiene la última palabra y no me deja andar más rápido. No es sentir que el tiempo se te echa encima sin poder controlarlo, es aprender a vivir. Es lo que estoy haciendo: improvisando.

Amigos y amigas que tuve ganas de arroparlos no pudieron estar ahí en este viaje de regreso. Cada uno hace lo que le conviene pero se echa en falta siempre un latir de la memoria. El poco tiempo, las responsabilidades y la pereza es el peor enemigo de la amistad. Pero es indudable que, por primera vez, me he sentido extraño al llegar a mi tierra. Como si todo hubiera cambiado tan rápidamente que fuera a explotar de un momento a otro. Y me asusté.

El teléfono se ha quedado mudo. Ya no suena como antes. Suena distinto. Con otras voces y otras almas que quiero conocer. ¿Es un paso atrás o hacia delante? ¿Me estaré volviendo más austero y más viejo o es simplemente que las cosas cambian porque es lo que tiene que ser?

No puedo quejarme, la verdad. Mi trabajo, mi independencia y la improvisación me acompañan alegrándome una vana existencia que, cercana a la felicidad, sigue teniendo, por suerte, más luces que sombras. Sin embargo, se echa en falta la ternura y el cariño, el despertar azul de las noches sombrías, la ventana entornada o las sábanas rotas.

Nota: Con la inspiración de la música.

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6 thoughts on “Como un inmigrante

  1. za dice:

    Ánimo, ya somos dos a los que el teléfono se les queda mudo, pero igual, poco a poco se va llenando de voces nuevas. Y ya verás como al final, tu agenda de ‘hamigos’ engorda otra vez, con gentes que como tú se arropan para acompañarse durante el buen trecho del camino que nos depara la VIDA. Estoy segura, Jose que este es tu año, ¡vívelo!

  2. Eloy dice:

    Yo quiero ser inmigrante, sentirme ductil y maleable, saber que la vida es un juego y vivir, un regalo. Y que ese sentimiento de pérdida del hogar, de lo que tuve y ya no fue sea eterno, constante. Como tú dices, jugar a improvisar…

    Apostemos a que nuestro ‘caballo’, nuestra energía, es el ganador….Que todos los años sean “tu año”, amigo. Disfuta ese preciosa sensación de poder.

    Abrazos.

  3. josedaze dice:

    Z, gracias por tu comentario y por ser como eres. Eso espero….que sea mi año. Solo le pido ser feliz…y volver a enamorarme. :P

    Eloito, qué bueno que viniste. Pero sentirse “inmigrante” es duro eh? Porque sientes que no perteneces a ningún sitio y la gente que rodea te esquiva. En fin…Nos vemos pronto espero.

    Saludos dede Madrid.

  4. Es una pena lo perdido, a mí también me pasa, tanto tiempo te esforzarte en cultivar y luego… luego parece que nada. y el cariño yo no lo pierdo no sé qué hacen con él los demás…
    MUa

  5. Posh dice:

    A pesar de cuan inmigrante podamos ser… me quedo con una frase que resume la aventura de las nuevas experiencias ;)
    “El que solo camina por senderos conocidos, jamás descubrirá parajes inesperados”
    Muaaa

  6. josedaze dice:

    Rebe estás loca. “y el cariño yo no lo pierdo no sé qué hacen con él los demás…” Me gusta esa frase. Sinceramente, sigue así y PUNTO. Te queremos como eres. Y los que no lo vean….pues que se aguanten.

    Carla, gracias por tu comentario. Gran frase, sí señor. Me la apunto. Que tengas un buen día.

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