Reflexiones de la historia (XVII)

“No fue el soberbio crismón de ocho brazos lo que provocó mi estupor, sino los dos magníficos leones que lo flanqueaban, ya que, además de que su perfección era incomparable -pocas veces los había visto tan bellamente reproducirlos- ambos estaban gritando, para quien supiera oírles, que aquella edificación contenía “algo”, “alguna cosa” tan principal y sagrada que era necesario entrar en el recinto con los cinco sentidos bien despiertos.

“El león es un animal de significación solar, estrechamente unido al concepto de luz. Leo es, además, el quinto signo del Zodíaco, lo que significa que el sol pasa por este signo entre el 23 de julio y el 22 de agosto, es decir, la época más caliente y luminosa del año. Para la atracción simbólica universal, el león es el centinela sagrado del Conocimiento mistérico, cuya representación críptica es la serpiente negra.

“Y precisamente era una serpiente lo que había bajo el león de la izquierda, o para mayor precisión, el león de la izquierda aparecía en actitud de proteger una figura humana que sujetaba una serptiente. El león de la derecha, por su parte, aplastaba con su pata el lomo de un oso, símbolo, por su letargo, de la vejez y la muerte. Pero lo más interesante del conjunto era la cartela situada al pie del tímpano, que decía lo siguiente: Vivere si queris qui mortis lege teneris. huc splicando veni renuens fomenta veneni. Cor viciis munda, pereas ne morte secunda.

“¿A qué otra cosa podía estar refiriéndose aquella llamada -’Si deseas vivir, tú que estás sujeto a la ley de la muerte, ven suplicante’- si no era al comienzo mismo del proceso iniciático? ¿Acaso no era Jaca la primera ciudad del Camino sagrado, marcado desde el cielo por la Vía Láctea y seguido por millones de personas desde que el mundo es mundo?

“Santiago no fue más que la explicación de la Iglesia a un fenómeno pagano de remotísimos orígenes. Mucho antes de que Jesús naciera en Palestina, la humanidad ya viajaba incansablemente hacia el Final del Mundo, hacia el punto conocido como Finiesterrae, el ‘fin de la Tierra’”.

Matilde Asensi, Iacobus

Reflexiones de la historia (XVI)

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2 pensamientos en “Reflexiones de la historia (XVII)

  1. Anonima dice:

    Me encanta Matilde Asensi, ya lo sabes.
    Como me encantó desayunar. ¿Repetimos?

  2. [...] Reflexiones de la historia (XVII) [...]

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