Un año para recordar

Tuvo que esperar a final de año para que aparecieran los recortes. Los grandes recortes económicos. Los duros recortes. Toca apretarse el cinturón y esperar que la situación mejore. Y, para controlar a aquellos que se salen de la línea de lo razonable, para controlar a aquellos que sobrepasan su poder o acentúan las desigualdades, quizá valga la pena recordar que este 2011 también fue el año de los indignados.

Hasta la revista Time le dedicó su portada. Es posible, porque ese espíritu indignado ha recorrido las principales calles del todo el planeta, criticando a bancos y políticos, muchos de ellos corruptos y alejados de la realidad desde su poltrona. La Primavera árabe derrocó a varios sátrapas y gobernantes que se perpetúan en el tiempo. Como en Túnez, Egipto o Libia -algunos de peor forma que otros-. Incluso podríamos hablar del magnate Silvio Berlusconi. Pero que nadie dude que el Movimiento 15-M estuvo ahí. Su esencia debería perdurar como símbolo del control del poder. Habría que instaurar el estado indignado. Que esta condición sea algo diario, como el comer. Aunque solo sea criticar al poder, exigir justicia a nuestro entorno y luchar por lo que uno cree.

Poder es el que Apple, bajo la batuta del fallecido Steve Jobs, alcanzó con sus gatgets y artilugios tecnológicos que, en ciertos sentidos, nos hacen la vida más fácil y cómoda, pero cuyos avances también sirven para ser espiados y controlados. Que se lo pregunten a todos esos famosos investigados por el ya desaparecido “News of the world”.

Sí, otro año duro para la prensa, con muchos despidos y con la credibilidad por los suelos. Como un cigarrillo aplastado, el mismo que la nueva Ley antitabaco que entró en vigor dejó de permitir apagarse en el interior de los locales. Un alivio respirar aire menos cargado, aunque una torpeza la obligación de sucumbir a este extraño placer en la calle.

Otro año con el temor de que “el fin del mundo ha llegado” de por medio. El pánico asoló Japón por culpa de un terrible tsunami. Y el dolor por fenómenos naturales nos tocó de cerca, en Lorca, donde ocho personas murieron.

Habrá que tomar ejemplo de gente como el futbolista Abidal, quien tras sufrir un tumor decidió poner tierra de por medio y cambiar de vida; vendió sus coches y quiso ser austero. Lo que toca hoy en día, más que nunca.

Sin poderse olvidar los ecos del mayor atentado de la historia, el 11S cumplió diez años, el mismo tiempo que tardó Estados Unidos en capturar a su cerebro, Osama Bin Laden. No hubo cadáver ni imágenes, eso sí. Pero el terror se acabó, al menos en el armario de los fantasmas.

Mayor alegría la nuestra con el anuncio de “cese definitivo” de la violencia por parte de la banda terrorista ETA. Cuarenta años y 800 víctimas, un balance desolador, cuya herencia tendrá que gestionar de la mejor manera posible el nuevo Ejecutivo del Partido Popular. Sí, ocho años después y dos derrotas electorales le dieron alas a Mariano Rajoy para ser presidente del Gobierno en medio del escepticismo y el negro panorama abierto ante nuestros ojos.

Ya que de fechas simbólicas hablamos -las elecciones se convocaron un 20 de Noviembre- también hay que recordar otra, el 18 de julio, que conmemoró los 75 años de uno de los episodios más oscuros, aborrecedores y negros de nuestra historia: la Guerra Civil. Pero siempre quedará el recuerdo para que no vuelva a suceder. Como recuerdo el que guardará por siempre una gran artista, Amy Winehouse, que entró a formar parte del club de los 27. Una verdadera pena, aunque quizá ella se lo buscó.

Demasiado tiempo caminando sobre el alambre conlleva algunos riesgos. Otra que nos dejó fue Elisabeth Taylor, una diva y una de las mujeres más atractivas de la historia, cuyos peculiares ojos llenaron semblanzas en todos los medios.

Lo que sí quedará como una anécdota será el fracaso y aberración de reducir a 110 km/h la velocidad máximas a autopistas. Sí, para ahorrar. Sí, para reducir accidentes. No, porque la crisis obliga a gastar menos y no centrar el foco en estas tonterías, que sirvió para eclipsar algunas medidas. Quedará por ver si al final España sale a flote.

En el plano personal, yo, al menos eso creo, sigo siendo el mismo hombre con algunos años más en la misma piel que un día. Esos años que debería haber cumplido mi hermanita. Exactamente, 21 añitos, cuyo recuerdo permanece inalterable en la vida de cuatro personas que la siguen extrañando. Al margen, cambié de casa, me fui a vivir solo, y abandoné (espero que por siempre) el mundo del Deporte. El próximo año me centraré en lo de siempre: hacer felices a mi entorno, viajar más, montar en la Harley y escribir mucho. Y sí…ser feliz.

Un año para recordar: 2010

Un año para recordar: 2009

Un año para recordar: 2008

Un año para recordar: 2007

Un año para recordar: 2006

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