La última ‘maragallada’

Político de ocurrencias más o menos improvisadas, Pascual Maragall no ha podido finalmente atajar la presión a la que le han sometido. Ni con la que ha ejercido la prensa sobre él ni con la del resto de fuerzas políticas. Dice adiós pero abandona el Govern de la misma manera en que entró: sin esperarlo. Y lo hace después de comprobar que no ha conseguido el esperado respaldo hacia uno de sus proyectos más importantes. Y, encima, sin avisar al presidente del Gobierno. También es cierto que desde hacía mucho tiempo ya nadie daba un duro por el dirigente catalán y, sinceramente, esta situación se preveía. Quizá no haya podido gobernar a su modo o que, simplemente, piense que no le han dejado gobernar. Que es algo más bien distinto.

Atrás queda su estilo ciertamente aventurero y charlatán con el objeto de quedar bien con todos. Sus deslices dialécticos pasarán a la historia con el nombre de “maragalladas”. Desde el primer momento en el que subió al poder muchos de sus comentarios fueron tachados de inoportunos. ¿Recuerdan lo del “tres por ciento” en alusión a las comisiones económicas que, supuestamente, cobraron anteriores gobiernos de modo ilegal? Su sutil ironía, a veces incomprendida, ha marcado una forma de hacer política muy alejada de los parámetros modernos. O cuando se consideró a sí mismo una “mujer maltratada”. Vaya por dios.

Pero ahí no queda la cosa. La salida de ERC del tripartito catalán abrió una nueva herida que propició una crisis de la que no ha conseguido recuperarse. Realmente, era algo que ya se esperaba. Y, sin duda, fue una decisión acertada. Ya era el momento de romper relaciones con un grupo político que, aunque le ayudó a conseguir el ascenso al poder, sí le hizo pasar en más de una ocasión por el aro del chantaje. Las concesiones por las que tuvo que pasar Maragall para continuar gobernando nunca fueron bien aceptadas. Aquella noticia se filtró sin el consentimiento del gobierno central, lo que provocó un terremoto político en toda Cataluña. Si, incluso, tuvo que hacerle más que una carantoña a Carod con tal de quedar bien con él. ¿O no se acuerdan de la foto en la que aparecen con una corona de espinas durante su visita a Tierra Santa?. Aquella imagen dio la vuelta al mundo y ese nuevo desliz se consideró una broma de mal gusto por parte de la Conferencia Episcopal. Fue una nueva muestra de la incompetencia del president. Con las creencias no se juegan, y más un dirigente político.

Otra muestra del estilo irreverente de Maragall fue aquella ocasión en la que pidió el ingreso de Cataluña en la comunicad de estados francófonos. El revuelo que se montó. Faltó el canto de un duro para que saltaran chispas. Y, aún así, consiguió despertar la ira de muchos al ser considerado como una traición. A él siempre le ha gustado jugar al despiste, pero su imprevisible personalidad ha vuelto a demostrar que es capaz de seguir sorprendiendo, aunque lo verdaderamente sorprendente sería que declarara su intención de presentarse a las próximas elecciones. Esto sí que no tendría nombre.

EL CAOS en la blog zone de Periodista Digital

José M. Sánchez “Daze”

4 pensamientos en “La última ‘maragallada’

  1. Bernardo Muñoz dice:

    Al final no se ha atrevido a hacer la última Maragallada y se ha retirado.
    SIn embaargo, conociendo a este tipo, si con responsabilidades politicas era capaz de cuanto describes, imagina de lo que hará sin ellas.

    Estupendo artículo que me he permitido citar (con tu nombre, claro)

  2. manuespada dice:

    Pero me alberga una duda: ¿Es Montilla esa “nueva generación” de socialistas que tomarán el revelo en Cataluña? Ahora que a resultar que Montilla tiene 35 años!!! Un jovenzuelo, jeje

  3. Júcaro dice:

    El Maragall de los titulares siempre resultó un tipo desenfocado; a veces, algo sorprendente y en ocasiones grotesco. Sin embargo, dejando a un lado los “cortes” de los noticiarios siempre algo o mucho descontextualizados, cuantas veces le oí en entrevistas tanto en radio como en televisión, reconozco que su figura me parecía muy diferente a la de los grandes titulares y portadas que como todos sabemos siempre son pulcras, sin intencionalidad política y limpias de partidismo.

    Saludos

  4. […] 2006, el año en que Maragall dimite del cargo (al año siguiente se vio que las «maragalladas» posiblemente no han sido más que las locuras de un hombre enfermo por el alzheimer —aunque […]

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