Socialismos renegados, una historia de cal y otra de arena

Vuelvo a reiterarme. Estamos en campaña electoral y eso se nota. El Caso Catral ha saltado a las pantallas de la televisión nacional sumando una gota más a los casos de corrupción urbanística. Si la noticia ha caído como un jarro de agua fría en la cúpula regional socialista, las veleidades inconscientes de los políticos han roto, definitivamente, con el tácito pacto contra la discordia.

Pero volvamos a recordarlo: estamos en campaña electoral y eso se nota, porque si no nadie se explica que desde que hace varios años se conociera a viva voce esta situación, la Administración autonómica haya esperado hasta este momento para retirar las competencias urbanísticas a esta localidad alicantina. Si no que se lo digan a los ecologistas que llevan mucho tiempo denunciando fraudes, pero sin conseguir su objetivo de parar las obras. Quizá, esto, sólo ocurre en las películas norteamericanas, sí, aquellas plagas de escenas muy distantes de la auténtica realidad. Sin duda, el presidente Camps ha esperado a una situación propicia: siete meses antes de las elecciones y en los compases del preludio antes de que se produzca el debate de la moción de censura, con el objeto de intentar salir airoso de la misma.

Se trata de un caso más de viviendas ilegales. Un caso más. Y con él se ha perdido ya la cuenta, pues las localidades cercanas al litoral levantino conocen perfectamente el ínfimo nivel de sus gobernantes, que han vuelto a demostrar su ineficacia al frente de un ayuntamiento. Dicho sea de paso, de todos es sabido las dos clases de políticos que existen: los que lo hacen por defender sus ideas y luchar por sus ciudadanos, a sabiendas de que perderá dinero constantemente, y los muertos de hambre que encontraron en sus sillones gubernamentales un lugar en los que lucrarse.

Los disolventes argumentos electorales han dejado de ser un bálsamo para los votantes, que cada vez más pierden el interés por la política. Esa nueva muestra de desencanto ideológico va en perjuicio de unos desconcertados e indecisos ciudadanos que evitarán acudir a las urnas en los próximos comicios porque sienten que da lo mismo lo que hagan porque saben perfectamente que están sujetos a la tiranía del dinero. Palabras vacías, quizá, pero duras para teledirigir nuestras miradas a las promotoras que han encontrado el vellocino de oro en los ayuntamientos.

Y detrás de los pelotazos urbanísticos están muchos ayuntamientos que carecen de competencias reales, cedidas en su escaso territorio por las autonomías que fracasan en su intento de buscar la ecuanimidad y los procesos sostenibles. La especulación ha sido la tónica habitual que ha marcado la explotación de las viviendas y que se ha convertido en el mayor mal de los países.

El problema de los grandes pueblos o las pequeñas ciudades es que los colores nunca existieron. Nunca. Quizá en otra época sí tuviera repercusión, pero la cercanía de sus figuras políticas con el ciudadano fue mucho más fuerte que las propias ideologías. “Voto a mi vecino”, “No le apoyaré porque me cae fatal”. Es así. Las amistades siempre peligrosas, la cercanía con el pueblo y la aparición en prensa fueron argumentos más que suficientes (necesarios y obligados) para arrastrar al electorado. Y bajo ese techo se encuentran los programas electorales, aunque ¿para qué, si los votantes sienten una cierta crispación y abnegación porque las sienten como promesas incumplidas?

Pero el caso de Catral (gobernando por el PSOE) es una muestra más de negligencia política, de corruptela social, de alimentación urbanística, pero uno más en la larga lista de implicados. Orihuela, Cullera, Manises, Alicante (todas bajo el ancho manto del PP) son otros municipios en los que se han denunciado “supuestos delitos” urbanísticos en la ordenación del territorio, incluso por parte de la Guardia Civil, en el caso de Castalla, pero que siguen ahí, como si nada. No quiero ser como el ajo, pero es así: estamos en campaña electoral y eso se nota, máxime cuando una de las primeras premisas políticas se cumplen a raja tabla. Dar el golpe siempre primero. Objetivo cumplido. Los ciudadanos ya hablan del caso, es la comidilla de los bares, el lugar en los que, realmente, se fraguan las noticias auténticas y, verdaderamente, importantes.

De Elda (enclave socialista muy importante en la región) ya hablaremos en otra ocasión.

José M. Sánchez “Daze”

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Un pensamiento en “Socialismos renegados, una historia de cal y otra de arena

  1. Júcaro dice:

    Muy conforme con tu artículo. En parte es muy cierto eso que afirmas: “en los grandes pueblos o las pequeñas ciudades es que los colores nunca existieron”. Un día alguien “bien considerado” decide “presentarse para alcalde”, baraja las posibilidades de ir por tal ocual partido y al final aquel que mejores condiciones ofrece es el elegido. En los puelos pequeños, que todo se sabe, tenemos constancia que eesto sucede.

    Estamos en campaña, en precampaña, pero también y lo idog por el caso Catral, estamos en el día de unamoción de censura. ¿Casualidad?, ¿Los abusos y el depostismo de alcaldes socialistas tapan los de los alcalde populares?

    Pienso que no, que perdemos todos y la democracia que tanto ensalzamos la pisoteamos una vez y otra y otra…

    Saludos.

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