¿Estamos preparados?

Aunque parezca mentira, el conflicto vasco se parece cada día más a la resolución aplicada para atajar el problema del IRA en el Reino Unido. Esa dictadura del terror a la que nos hemos tenido que acostumbrar por la fuerza está imbricada, en estos momentos, en lo que han venido a calificar como “proceso de paz”. Las similitudes, a priori, son muy escasas. En el caso irlandés fueron dos bandos, perfectamente diferenciados, los que desarrollaron el cruel juego de la venganza y el asesinato, mientras que el País Vasco, los pistoleros de ETA, una organización que en sus comienzos en 1962 tuvo vocación política, han asesinado a más de mil personas en treinta años. Desde políticos, guardia civiles hasta empresarios y ciudadanos de a pie. Y todo a sangre fría, con el convencimiento de una mente criminal. Sin pensarlo. Sin escrúpulos.

Pero esas distancias se hacen más cortas conforme avanza el proceso. El fundador de ETA, Julen Madariaga ha vuelto a saltar a la palestra mediática y su nombre es escuchado como uno de los interlocutores entre Gobierno y terroristas. En su opinión, para que el proceso de paz avance, Zapatero tiene que mover ficha rápidamente a fin de liberar a presos etarras, tales como Jon Aguirre, enfermo, o Iñaki de Juana Chaos, en huelga de hambre tras 63 días. ¿Un abandono decidido personalmente? Y es que ese reproche hacia el PSOE se va extendiendo lentamente pero sin pausa. Son ya seis meses desde el anuncio de la tregua y los etarras se muestran muy escépticos. No creen que se están haciendo bien las cosas. De hecho, dicen que no se están cumpliendo con las expectativas que se habían creado al principio. La alarma se ha encendido en el momento en el que se estudia la rebaja de penas a De Juana Chaos, un acontecimiento muy difícil de encajar.

Pero los paralelismos con el IRA existen. Los británicos saben mucho de esto, pues los terroristas irlandeses vivieron una sorprendente amnistía nacional que les devolvió de nuevo a la calle con las manos de sangre por los crímenes perpetrados. Pero, ¿estamos preparados para que algo parecido suceda en España? ¿Cómo le podrían decir a un hijo que, probablemente, se cruzará con el asesino de su padre? Demasiado complicado de aceptar, la verdad. Sin embargo, el abandono de las armas sigue siendo el argumento preferido del Gobierno para permitir la legalización de Batasuna, pero sin condiciones previas. Sin condiciones previas. Y lo seguirán repitiendo porque, aunque Zapatero ya advirtió que sería “largo” y “difícil”, el tiempo se agota. Su prestigio cae en cada sondeo de opinión y desea que no le pase factura en las próximas elecciones. Y las últimas noticias al respecto no son demasiado alentadoras para estar satisfecho, aunque, lo cierto es que era de esperar que esto sucediera. Está en la hoja de ruta del presidente. Y seguirá cumpliendo los plazos porque, quizá, estemos en un punto de no retorno.

José M. Sánchez “Daze”

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