Hija de su padre

Este es el sugerente titular escogido por El País para editorializar sobre un nuevo capítulo del ‘Caso Fabra’. Sobre el presidente de la Diputación de Castellón, que ha estado involucrado en varias tramas delictivas en los últimos años, recae el peso de la sospecha de forma continuada. Y es que el Partido Popular ha aunado esfuerzos en justificar el nombramiento como senadora de una de las hijas del dirigente político. El fariseismo latente que perdura en las filas del partido de Rajoy llega hasta límites insospechados.

Según el editorial:

La apariencia de nepotismo salta a la vista; ni su militancia en el partido ni el hecho de estar en posesión de ‘todos los derechos’ para acceder al cargo, como se han apresurado a señalar sus correligionarios valencianos, bastan para desbaratarla y llevar al convencimiento de lo procedente de la designación”.

Pero el texto aún apunta un dato relevante al respecto:

“Los senadores de nombramiento autonómico son cargos de libre designación y no de elección popular, formen parte o no de sus respectivos parlamentos. Hay comunidades autónomas que exigen ese requisito y otras, como la valenciana, que no lo hacen. Habría que poner el máximo interés, entonces, en que las personas propuestas para el Senado respondan a un perfil, tanto en lo que se refiere a experiencia institucional y pública como a su trayectoria profesional. No parece ser éste el caso de la hija de Fabra, cuyo único cargo público conocido es haber sido vocal del comité ejecutivo provincial del PP que preside su padre.”

Este hecho, aunque sorprendente, no sienta un precedente, pues dirigentes del PP valenciano ha estado en el punto de mira por tráfico de influencias, que se aprovechan de su cargo para dar paso a su beneficio en particular, tal y como, en cierto modo, ha sucedido con el ex subdelegado de Gobierno en Barcelona, aunque a causa de un hecho más grave que atenta contra la seguridad ciudadana.

La Justicia encuentra un freno para resolver este tipo de casos. La teoría está muy bien pero cuando se trata de un cargo institucional la presión mediática y las actuaciones políticas pueden desvirtuar la situación hasta el punto de evitar una pena que, por otro lado, ha sido demostrada con pruebas, lo que obliga a un proceso de depuración para evitar atropellos judiciales. El símbolo de la mujer soportando el peso de la balanza queda, tan solo, con un elemento decorativo, pues se saltan ‘a la torera’ todas sus decisiones.

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Un pensamiento en “Hija de su padre

  1. ¿Y qué pasa cuando uno se pone el sueldo a sí mismo?

    Pues que hasta el alcalde de un pueblo de 24.000 habitantes cobra más que Zapatero.

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