Iglesia, mentiras y contradicciones

Iglesia es sinónimo de retraso. Sus principios retrógrados ocultan un conocimiento extenso rico en valores universales que permanecen olvidados bajo la injusta gestión de sus regidores terrenales. El Catolicismo, pese a todo, es una creencia tolerante y flexible, que acepta pero no comparte, al contrario que otros credos algo más rigurosos y ortodoxos.

Un polémico libro escrito por Pepe Rodríguez (1997) analiza los textos bíblicos poniendo en evidencia los hechos escritos. ‘Mentiras fundamentales de la Iglesia católica’ muestra algunas contradicciones. Es la eterna confrontación entre fe y ciencia, al descubierto.

Las diferentes creencias son respetadas, pese a lo reaccionarias que aparenten ser. La existencia de otras teorías tales como la mantenida por los cristianos evangélicos resulta un tanto curioso porque como ‘cristianos’ su aceptación sobre la figura de Jesucristo como hijo de Dios les ampara en un intento de convertir sus vidas en un paralelismo de sus enseñanzas.

Sin embargo, como ‘evangélicos’ hallan en los Evangelios y en la Biblia la conducta a seguir y, sobre todo, la regla de fe a mantener. Dada esta interpretación, no reconocen autoridad religiosa alguna. Algunos fieles se aferran mayoritariamente a una creencia por miedo a la muerte y por el inexorable miedo a lo desconocido. Dios salvador protege, y en su mano está el destino.

Aceptar irracionalmente los textos sagrados sin un ápice de crítica produce un pensamiento excesivamente intransigente. No hay nada más allá de lo que está escrito en los Evangelios. Mientras los Creacionistas cobran cada vez más fuerza, a base de una exposición pública cercana a las prácticas de promoción de ideales hitlerianas, aumenta el rechazo hacia la homosexualidad, hacia la evolución del hombre, hacia la libertad y, en cierto modo, hacia el progreso.

La doble vara de medir de los seguidores fieles del Evangelio solo se comprende en el estricto sentido de la necesidad de buscar las pequeñas lagunas existentes en sus postulados. Partiendo de la base de un concepto prohibitivo, existe un deseo explícito de realizar la propia voluntad y de ejercer la plena libertad, mientras no se rebase la línea marcada por la palabra de Dios.

Por esta razón, nos encontramos ante una capacidad asombrosa de evitar el pecado pero no de rechazar el disfrute de sus placeres mientras se consuma el arrepentimiento. Es el plano sexual el que cobra mayores obstáculos por el mero hecho de formar parte de la naturaleza humana.

El hecho de practicar el acto sexual con penetración está penado moralmente, de ahí la doble vara de medir, puesto que hay quienes disfrutan de sus beneficios sin alcanzar el coito; pero, eso sí, sin desentenderse de otros menesteres, sí se puede realizar otro tipo de actividades placenteras. “Se puede hacer de todo menos penetración”. Aceptable, sí, contradictorio, también. Al igual que un abogado defensor de un asesino, la búsqueda de las lagunas por las que regir sus actuaciones es una constante.

La Sagrada Biblia no es un libro de cabecera al que seguir todos sus pasos al pie de la letra. Las diversas interpretaciones lo han convertido en un manual de defensa, en unos sentidos, y un arma arrojadiza, en otros.

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