Las trampas de los incendios

Un verano más los incendios asolan los bosques españoles. Al igual que los muertos en carretera, damos por sentado que se van a producir, los esperamos como agua de mayo, con ese singular pensamiento de ‘no hay remedio’. La experiencia nos demuestra que, desgraciadamente, la hipótesis siempre se cumple. Lo que marca aún más la desesperación es comprobar que han sido provocados, algo que representa una nueva modalidad de terrorismo cuyos objetivos se dirigen hacia los ecosistemas. Es el llamado terrorismo ecológico.

Las medidas de prevención no consiguen los frutos esperados sin la inestimable colaboración ciudadana. Las dificultades para recoger las pesquisas necesarias para llevar a cabo las detenciones se incrementan en los casos en los que el delincuente se trata de una persona despechada, que ha estado vinculadoa al servicio forestal y que después de quedarse sin empleo decide vengarse. Toda una traición hacia su profesión y hacia la naturaleza. Al finalizar el periodo estival da comienzo la campaña de reforestación, que se viene llevando a cabo desde hace varios años con fondos europeos y españoles. Por tanto, una buena oportunidad para encontrar trabajo.

En esa calificación de pirómanos se encuentran también los especuladores urbanísticos, que encuentran un vergonzoso beneficio en los terrenos convertidos en cenizas, una tentación para la corrupción política. La mano del hombre está casi siempre detrás de los incendios.

De esta forma, surgen grandes urbanizaciones, polígonos industriales o, incluso, explotaciones agropecuarias tras un incendio, ya que los terrenos devastados por las llamas, desbloqueados tras varios meses, multiplican su valor, lo que representa un gran negocio donde hacer, irónicamente, su ‘agosto’.

Es el caso de Terra Mítica. En el verano de 1992 comenzó a ponerse en práctica uno de los mayores sueños del entonces alcalde de Benidorm, Eduardo Zaplana: la construcción de un gran parque de atracciones en la Comunitat Valenciana. Dicho y hecho. En una de esas coincidencias de la vida, y tras saltar la noticia de la puesta en marcha de Disneyland en Paris, sucedió en la ladera de la ciudad un incendio de consecuencias desastrosas.

Ardieron más de 10.000 árboles, una zona conocida por ser una de las mayores pinadas del litoral Mediterráneo. La legislación autonómica no permitía edificar en suelos forestales quemados, pero para salvar las distancias, el proyecto de Terra Mítica, uno de los mayores timos de nuestra política, fue declarado de “interés para la Comunitat Valenciana”.

¿A quiénes favorecen los incendios? El de Canarias puede explicarse desde esta misma tesitura. La saturación urbanística en aquellas zonas obliga a buscar nuevas ubicaciones, aunque para ello sea necesario provocar un crecimiento hacia el interior, topándose en el camino con numerosas hectáreas de arbolado.

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