El plagio, admiración y envidia unidos a un delito

El plagio literario se puede sortear gracias a la citación de fuentes. Es fácil de evitar. Es en el ámbito de la música donde surgen más sospechas y problemas. Nadie está exento de crítica. Desde Michael Jackson, Shakira, Mikel Erentxun pasando por Red Hot Chilly Peppers o Green Day. Todos han estado cerca de la guillotina. Pero, ¿de qué manera se da a entender que una canción se ha copiado? Ahí no existe este tipo de atribuciones. Es imposible. Sin embargo, no hay que se tan estrictos pues en materia literaria o musical este tipo de fraude son hechos esporádicos.

Los blogueros nos retroalimentamos de las informaciones de más estricta actualidad. Uno de nuestros divertimentos, el de la mayoría, es tratar de localizar los errores y fallos de los medios de comunicación y artistas. Al final, estos espacios web actúan, en la medida de lo posible, como defensores de las prácticas honestas, rebuscando las extralimitaciones y miserias del resto de la sociedad. Una auténtica labor de perro guardián.

La causa de un plagio se debe a la codicia del autor de evitar la atribución de las fuentes. Está a caballo entre la admiración y la envidia. La multiplicación de las voces informativas gracias a Internet ha descubierto una situación contradictoria: por un lado, reduce el tiempo de búsqueda de una obra plagiada pero, por otro, favorece la imitación cultural y la propagación de ideas.

Un doble rasero utilizado mutuamente en aras de la creación. ¿Tan fácil es sucumbir a la tentación? ¿Están agotadas ya las ideas? ¿Se cerró el grifo y ya no hay nada más que contar ni que decir? ¿Hay falta de inspiración? El descubrimiento de un plagio puede enfrentar consecuencias muy graves al ‘plagiador’, que van desde ser vituperado y apaleado hasta el punto de tirar al garete toda su trayectoria profesional. Por ejemplo, en Estados Unidos, un periodista que ha copiado un texto es directamente despedido.

Y es que la ley protege al autor. La copia ilegítima está penada por el Estado de derecho. Las ideas no fluyen por sí solas. Están ahí y somos nosotros quienes las ‘pescamos’. Estamos muy influenciados por nuestro entorno. No podemos escapar a nuestras reminiscencias culturales por lo que, inconscientemente, reproducimos lo que reside en la memoria. Pero, al final, esto es, precisamente, lo que diferencia a un gran artista de de un aficionado.

En los últimos meses han aparecido críticas con varios logotipos. Primero fueron los presentados para la candidatura olímpica de Madrid. Luego vino el desliz del Gobierno español que se ‘inspiró’ en un diseño alemán. Ahora, ya se ha creado otro emblema para Tarragona. ¿Plagio o casualidad? ¿Responden estas críticas a una realidad manifiesta?

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