El hombre que fue capaz de engañar a la humanidad

Fue el hombre que engañó con su prosa elegante y su perfilado discurso. El mismo que atormentó a la humanidad con disimulo. No tendría que ser una fecha recordada con añoranza sino con el anhelo de la traición y con la esperanza que jamás vuelva a suceder.

Sin embargo, el pasado nazi de Alemania todavía existe pero hay una ligera diferencia con la dictadura de Franco: allí es un delito hasta hacer el deshonroso saludo nazi y nadie quiere que le relacionen con la época más oscura de su historia. Y es que hay fechas que no son para recordar con orgullo, que es mejor olvidar.

El ascenso al poder, -democrático-, de Adolf Hitler cumple 75 años. Alemania, tierra de prolíficos escritores y artistas de vanguardia, no acepta un recordatorio de la figura de este dictador que supo convencer a los alemanes que la sociedad necesitaba un cambio.

Envuelto en una profunda crisis, el país estaba angustiado. A raíz del crack del 29, las dificultades económicas se extendieron rápidamente. Creció el número de parados, algo que rompe los mecanismos para mantener el progreso.

El Fürher, que llegó a la cancillería arropado por los conservadores, encontró la manera de enraizar los instintos latentes y los valores invisibles que ya existían entre los ciudadanos, aprovechando la ocasión para generar un nacionalismo radical.

Lo irónico es que ascendió al poder de forma democrática y, desde su poltrona, logró cambiar a la sociedad, convirtiéndolo en un paraíso a su medida, transformando a su antojo una serie de leyes que llevaron al traste a ese régimen democrático para convertirlo en un autoritarismo puro y duro.

Alemania, pese a todo, creció económicamente. Se desarrollaron importantes industrias, aunque muchas de ellas dirigidas hacia los recursos militares. Ya se preparaban para lo que vino después. Su ansia de poder desenvocó en la II Guerra Mundial y, aunque las democracias europeas veían en Hitler la personificación del mal, no hicieron absolutamente nada por pararle los pies. Fueron incapaces. El expansionismo hitleriano, que parecía imparable, se le pudo haber puesto freno.

Según recoge Público, el general Kurt von Hammerstein-Equord subestimó a Hitler sistemáticamente y “no hizo nada realmente serio para evitar la llegada al poder de los nazis”. Fue el hombre que pudo pararle los pies a tiempo.

“Para muchos distante y sarcástico, se refería a los nazis como esa sucia banda de criminales. Jefe de la dirección del ejército desde 1930 , fue apodado ‘General Rojo’ por fraternizar con los sindicatos.”

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