Lanzarote: blanco, negro y verde

Hay tres colores que recubren la Isla de Lanzarote. Tres tonalidades que acompañan al viajero desde principio a fin. Nada más pisar tierra firme, el misterio comienza una persecución que sin duda no parará hasta saciar la curiosidad. Enseguida, alguien se retracta de su primera impresión. Nada  que ver con la imagen preconcebida.

Pequeña y dulce. Como atrapada en el tiempo pero sin dejar que las horas corran a sus anchas. Es lo que tienen las islas, que el tiempo transcurre de forma distinta. El blanco de las casas contrasta con la oscuridad de las cimas volcánicas, n uno de sus principales atractivos. Y, pese a la agresividad y los obstáculos del terreno, uno entiende que la vida se abre paso a través de pequeños mantos de vegetación convertidos en grandes jardines de cactus que dibujan un cuadro surrealista en tres dimensiones.

La erupción salvaje de Timanfaya pasó de ser la perdición a la fortaleza. Seis años de polvo, humo y truenos, donde la lava cubrió gran parte del territorio, la hicieron madurar. A partir de entonces, algo hizo cambiar a todos los seres vivos que allí habitaban, especialmente sus pobladores, conocidos como ‘conejeros’.

La vida evoluciona y hay que aprender a convivir entre tinieblas si hace falta porque, por muy hundido que uno se sienta, el instinto, la ilusión y el trabajo siempre acaba por florecer. Como si nadie pudiera erradicarlos. Quizá por ello su gente, sus personas, se han inventado una forma diferente de sonreír. La misma que se contagia a todo aquel que decide iniciar esta pequeña aventura.

Dividida en siete municipios, todos ellos en contacto perpetuo con el mar, hacen refulgir la tranquilidad, intentando resquebrajar la angustia. Aquí la infelicidad tiene vetada su entrada. Su magia y su color ocultan los miedos del visitante que deja a un lado los coletazos de estrés y se refugia en los abundantes y apetecibles rincones que encuentra en su trayecto.

Sus amables y agradables playas retozan por sus cuatro puntos cardinales. Y no es para menos pues, aunque recortadas con puntiaguadas rocas muchas ellas, tienen algo de especial. La isla, poblada desde hace más de dos milenios, es un ir y venir de espejismos.

Recorrerla en coche, sin pensar en nada, simplemente observando el paisaje, visitar sus conocidos y algunos desconocidos sitios turísticos, envuelto en la suave banda sonora de dos amigas, sintiendo el Atlántico en los pies. Así es como hay que disfrutarla. Sin pensar en nada, tan solo dejándose llevar por el momento. De todos los viajes se aprende. Esta, quizá, es una experiencia necesaria para poder sobrevivir.

3 pensamientos en “Lanzarote: blanco, negro y verde

  1. Rebeca dice:

    Felices y contentos… viajar no es una huida es una salvación….
    mua
    gracias por venir

  2. josedaze dice:

    Joder, gracias a ti Rebe, por haberme regalado estos días y por, aunque tuviera mis dudas al principio, haberme hecho, de nuevo, feliz y contento. Ya sabes. Saludos desde Madrid.

  3. Posh dice:

    Me ha encantado como describes Lanzarote: D
    Cada una de las islas tiene su encanto, pero en Lanzarote parece que te transportas a otro planeta….
    Cuando se viaja, las imágenes preconcebidas hay que dejarlas a un lado, disfrutar de lo que vemos e intentar comprender lo grandioso de lo que no es habitual 🙂

    Te dejo un video que me recuerda a mi tierra y me hace emocionarme cada vez que oigo la melodía que lo presenta. Muaaa

    There’s a place so far away… so close to you… it’s wonderful.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: