El sonido para Grecia

“And I’d give up forever to touch you, cause I know that you feel me somehow”. Planificar un viaje requiere de un tiempo meticuloso que debe ser bien empleado. Buscas, comparas, haces tus conexiones, meditas, eliges y te aferras al destino. Y nunca sabes si habrás acertado hasta que comienzas la partida. Grecia era el destino. La primera parada antes del salto a la paradisíaca isla de Santorini. Y salió mejor de lo que esperábamos.

Con la suerte que da el tener buenos amigos, tuvimos la oportunidad de acceder a la cabina por cortesía del comandante, quien nos enseñó los entresijos de la nave, ofrecíendonos explicaciones desde el terreno y avanzando sus maniobras. Ver despegar y aterrizar desde ese lugar destinado a unos pocos privilegiados no tiene precio.

“You’re the closest to heaven that I’ll ever be and I don’t want to go home right now”. Nada más aterrizar el avión la bofetada que uno recibe es bastante sonora. Malas conexiones, pocas señalizaciones y un caos circulatorio resume la vida en Atenas. El visitante sabe, de primeras, que está pisando más de 3.000 años de civilización.

El Partenón, el símbolo y orgullo de Atenas, emplazado en la cima de la Acrópolis, domina la ciudad de principio a fin. La vista nocturna, sus accesos y su iluminación conlleva frotarse los ojos de vez en cuando para vislumbrar una gran pero descuidada belleza causada por siglos de olvido, en el que piezas de gran importancia ‘huyeron’ de su ciudad de origen con la esperanza de algún día regresar.

“And all I can taste is this moment and all I can breathe is your life”. Desde la plaza de Sintagma realizamos un circuito a pie que nos llevó a visitar el Arco de Adriano, el Templo de Zeus olímpico, la Biblioteca de Adriano, la zona de Plaka hasta llegar a la fantástica plaza de Monastiraki, antiguo barrio turco, donde decenas de personas se agolpan entre bares, restaurantes y comercios.

Claro que dos días no son suficientes para descubrir la ciudad. Es cierto, pero no se quedó en el tintero practicamente nada de lo más destacado. El Ágora antigua, el Ágora romana, donde se levanta la imponente Torre de los Vientos. El centro, pan comido pese a algunas confusiones entre calles. Las fotos se sucedían irremediablemente porque era como pasear por un libro de historia.

“Cause sooner or later it’s over I just don’t want to miss you tonight”. Con algunos cambios en el programa previsto, nos desplazamos hacia Santorini, la más bella isla volcánica. Salvaje, única, fantástica, que puede ser retratada en blanco y azul. El hotel Avra nos acogió con cariño a 15 metros de la oscura y rocosa playa de Kamari.

El Tour por la Caldera es algo imposible de olvidar. Y la puesta de sol en la aldea de Oia enamora a quien acude en su búsqueda. Aferradas al acantilado, las casas se escavan entre rocas descubriendo una imagen increíble. Los alojamientos y bares, todos ellos con encanto, resaltan pequeños y relucientes, y perfilan toda la isla otorgando un aroma mágico.

“And I don’t want the world to see me cause I don’t think that they’d understand”. La gastronomía, insaciable al visitante, es, sinceramente, sabrosa y generosa, solo deslucida por el agobiante recibimiento de los camareros en busca de la presa fácil que no dudan de acechar constantemente ofreciendo sus productos. Feta, Souvlaki, Tzatziki, Gyros. Todo verdaderamente increíble.

La suerte que nos acompañó al principio continuó durante el resto del viaje. Mística y nostálgica fue la noche que, envueltos en varios cócktails, disfrutamos de un concierto acústico de un griego y un armenio -o albanés- que interpretaron canciones de nuestra vida. Sí, puro rock and roll como la canción de Goo Goo Dolls que introduce algunos de estos párrafos.

“When everything’s made to be broken I just want you to know who I am”. Pero lo bueno, si breve, dos veces bueno. Eso dicen, quizá. Nos hubieramos quedado allí para siempre, dejando que el tiempo discurriera tranquilo, pero los cuentos tienen siempre un final. Y es mejor quedarse con las sensaciones y los momentos. Ya sabe que los viajes son como los libros: Comienzan con ilusión y acaban con nostalgia.

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2 pensamientos en “El sonido para Grecia

  1. Chú dice:

    Que guay.
    Que viaje.
    Me alegra que lo hayas pasado bien.
    Como se nota que eres periodista, que bien escribes jodío.

    Un besico.

  2. Jesús Llor dice:

    Seguro que hiciste una gachamiga y una barbacoa y te dejaste todo tirado por ahí y por eso están con tanto incendio ahora.

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