Mía

Ahora ella es la pequeña, pero la más preciosa. No es de nadie, es de ella. Solo de ella. Es el póker con el que le gano la mano al destino. ¡Y qué destino! Dos vidas, latentes personalidades, a las que adoro. Ay, niños, cuánto os quiero. Es volver al pasado, a cuando yo era niño. Mirar desde otro prisma, uno ya conocido, el de la inocencia y la niñez. Prometo cuidarte, respetarte, educarte, enseñarte, dormirte y mil cosas más hasta que el sol se apague. No hay uno sin dos, y ahora somos cuatro. Cuatro jinetes cabalgando hacia quién sabe. Pero a ti (y a tu hermanito, el mismo que te acaricia y te besa cada día) no te faltará nada. Gracias por nacer. Gracias por vivir. Gracias.

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