El móvil que creó escuela, ahora mejor

Los estereotipos los carga no el diablo sino, en ocasiones, el arma de la discordia. Por eso suele relacionarse a China, la gran fábrica del planeta, a la descarada copia. La emulsión que provoca ese cóctel de fabricantes y percepción social arrastra un estigma traicionero, rara veces contrapuesto, pero que en materia de innovación queda palpable que el concepto «made in China» también puede ir por delante de sus competidores.

Hay de todo, es cierto. Como la vida misma. Pero cabe destacar propuestas interesantes surgidas en el meollo de la industria móvil china que tienen capacidad para asombrar. No son todos, pero algunas familias como Mi Mix ha encumbrado a Xiaomi, una de las firmas que pelea por hacerse con el título de «Apple china», como precursor de una tendencia: la de los móviles casi sin bordes.

El último miembro de esta familia se presenta con unos atributos más que atractivos. Se trata del Mi Mix 3 que, por lo pronto, tiene algunas particularidades como su rompedor diseño. La cámara frontal es doble y se oculta bajo una bandeja deslizable -algunos podrán acordarse de este tipo de diseño en teléfonos de hace bastantes años-. Extraerla es muy sencilla; un sistema de engranajes magnético permite desplazar el pulgar hacia abajo mientras sujetas el móvil para acceder a sus prestaciones.

Este es uno de los aspectos más diferenciadores y distintivos del terminal respecto a sus predecesores, pero que le sitúa, en cambio, en una posición muy cercana, aunque con cierta distancia, a uno de los móviles recientes, el Oppo Find X, que incorpora un sistema de deslizamiento de la cámara pero de manera automática. En el caso de Xiaomi, la operación debe transcurrir de manera manual, pero se siente robusta y con capacidad de aguantar todos los movimientos durante miles de ciclos de uso.

Gracias a esta idea, el «smartphone» consigue ocultar la cámara frontal y llevar la relación de aspecto a un nuevo nivel. El 94% de esa parte está recubierta de una pantalla. Es decir, una superficie táctil preparada para ser utilizada. El móvil, a su vez, ha ganado en altura en comparación a sus antecesores. Está más estirada. Se ha hecho mayor y eso se aprecia en las 6.4 pulgadas que tiene su pantalla de tipo Amoled, cuyo resultado, reproducción de color y matices cromáticos es impecable. Ofrece una resolución Full HD (2.340 x 1.080 píxeles). Hablamos, pues, de una tecnología que se empieza a perfeccionar y que en este mercado dominan marcas como Samsung y Apple.

Extrañamente, no es totalmente simétrico, con lo que el marco inferior es ligeramente más grueso que el superior, aunque es un aspecto que se puede pasar por alto. El maridaje de especificaciones técnicas se encuentra a la altura de las circunstancias. El «cerebro» de esta bestia tiene un nombre, Snapdragon, y un apellido, el modelo 845. Un microprocesador de altas prestaciones que viene impulsado por configuraciones de 6, 8 y, wow, 10 GB de memoria RAM. Unos guarismos impresionantes, aunque es cierto que a veces el modelo más avanzado da sensación de estar algo desaprovechado. Esto no quiere decir que su desempeño quede descuidado. Más bien al contrario. El móvil presenta un gran rendimiento, se mueve como pez en el agua en la mayoría de tareas y se le puede exprimir bastante al bólido que responde a la perfección. Su manejo es fluido y veloz.

De refinado acabado, el dispositivo viene recubierto por un curioso material, cerámica, pero da sensación de robustez, pero a veces se convierte en un pequeño imán para las huellas. El efecto, sin embargo, es embriagador y muy resultón. Manejable y cómodo, su apartado fotográfico está muy equilibrado. Dispone de una cámara de doble lente de 12 megapíxeles cada una preparada para realizar el coqueto efecto retrato del que gozan en la actualidad la mayoría de teléfonos más avanzados. Aunque el resultado en este caso es mejorable, la calidad en otros aspecto está constatada. Su frontal, a su vez, viene apadrinada por sensores de 24 megapíxeles y 2 megapíxeles, éste último diseñado para jugar con la profundidad de campo también en los «selfies».

Cuenta, en otros aspectos interesantes, con dos medidas de seguridad; uno a través de la huella dactilar -que se encuentra en la cara trasera pero centrado- y por un sistema de reconocimiento de rostro, aunque no es tan seguro como otras soluciones como las del iPhone. Lo que hace en realidad es tomar una foto y, para utilizarlo, hay que abrir la citada cámara frontal.

Siguiendo la estela del mercado, no dispone de conector para clavijas de tipo «minijack» de 3.5 milímetros y funciona con el conector USB-C. Ya un estándar en el mercado. Una pega, en cambio, es que no es totalmente resistente al agua porque cuenta con certificación IP67, aunque también es otro aspecto, para muchos consumidores, menor. De su batería, tan importante hoy en día, es necesario añadir que apuesta por incluir una pila de 3.200 mAh frente a los 3.400 mAh del modelo anterior. Su resultado se encuentra en niveles similares: dura poco más de un día de uso.

Publicado en ABC

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