Romper la barrera del idioma con tecnología

«En el idioma está el árbol genealógico de una nación», dijo Samuel Johnson, escritor inglés del siglo XVIII. La comunicación es un proceso inherente al ser humano. Es una necesidad básica, un canal por el cual las personas pueden establecer relaciones. Dominar varios idiomas ha sido uno de los grandes retos de las sociedades. Aquellos que lo han hecho han logrado reducir las distancias del planeta. Ha servido para hacer negocios, para ligar incluso. También es motivo de disputa territorial, pero mejor no hablar de eso.

Las nuevas generaciones tal vez lo tengan ya superado, pero saber inglés, el idioma que hemos convertido en universal y el canal para los negocios, es todavía un desafío para muchas personas. Algunos, es cierto, lo chapurrean, pero no todos los españoles pueden presumir de ser bilingües. La Educación -con mayúsculas- agarró fuerte hace varias décadas este reto para incorporarlo a los planes de estudio.

La obsesión por aprender otro idioma ha sido frecuente; la proliferación de academias, constante. Tal vez en el futuro no haga falta dedicarle un tiempo precioso a aprender la gramática y la entonación de una lengua extranjera para aprovecharlo a otros menesteres. Tal vez llegue un día en que de verdad se rompa esa barrera invisible. Aunque queda todavía mucha hierba que cortar.

Mientras, la tecnología lo intenta. Un interesante invento llamado Travis Touch puede resultar útil como intérprete, aunque tiene margen de mejora. Se trata de un traductor digital que permite, en cuestión de segundos, traducir conversaciones cortas a otro idioma. No lo hace en tiempo real dado que necesita de un tiempo de procesamiento de las palabras recogidas, aunque la empresa ya trabaja en un modo «conversación».

El sistema va mejorando poco a poco gracias a algoritmos de Inteligencia Artificial, pero en ocasiones, muchas de hecho, le falta darle un cierto contexto. El sistema de reconocimiento de voz es bastante efectivo y preciso. Sin estar demasiado cerca del micrófono que capta el sonido se incorporan los enunciados a traducir casi sin fallos gramaticales. Durante varias semanas de prueba se ha ensayado con varios tipos de traducción: de inglés a español, de español a inglés, de portugués a español y viceversa. También con otras lenguas cooficiales como catalán y gallego.

El resultado, a veces, es algo impreciso. La traducción se realiza muchas veces de manera simultánea, es decir, palabra por palabra, sin dotarle el necesario contexto gramatical para una mayor comprensión. Términos muy particulares como las fechas en portugués brasileño no las traduce correctamente, pero en líneas generales sirve de gran ayuda para establecer una cierta comunicación. El dispositivo es compatible con más de 100 idiomas. También con otros acentos culturales como el inglés británico, el que se habla en Australia o, por supuesto, en Estados Unidos.

El dispositivo es pequeño y minimalista, con lo que se puede transportar fácilmente en un bolsillo hasta que se necesita. Es, en definitiva, compacto, manejable y muy ligero. Tiene unos 110 milímetros de altura, 60 mm de ancho y 16 mm de grosor. Desde una pequeña pantalla táctil de 2,4 pulgadas (240 x 240 píxeles), los usuarios pueden ver en tiempo real una subtitulación del idioma que se quiere traducir, permitiendo, así, seguir sin interrupciones lo que se suele comunicar por ejemplo en una presentación.

El «gadget» ofrece la posibilidad, además, de ejercer de intérprete, no solo como un mero transcriptor. Para ello, se ha incorporado dos botones que corresponden a dos entradas diferentes de audio. Así, por ejemplo, se puede colocar encima de una mesa y, en función del idioma que se hable, pulsar si traducir de un idioma a otro, o viceversa. No es perfecto, pero es bastante útil. Imagínate, por ejemplo, que eres empresario y te reúnes con un polaco en Madrid. Ahí colocarías el invento en el centro de la mesa. Es decir, en ambos sentidos idiomáticos.Y cada vez que quieras hablar pulsas el botón de tu idioma, el sistema en unos segundos lo traduce más o menos al otro para la comprensión de tu interlocutor. Y lo su respuesta se basa en el mismo procedimiento: pulsa, habla y traduce.

Configurarlo, además, es fácil. Lo primero es conectarlo a internet por medio de su conectividad WiFi. Se puede emparejar a un teléfono móvil inteligente, sacándole así más partido. También se puede introducir una tarjeta SIM -que se debe comprar por separado- para llevarlo a cualquier parte sin depender de la red inalámbrica. Con simples gestos se elige la combinación de idiomas que se van a «enfrentar» para que el sistema sea capaz de traducirlo. Además, incluye un historial con las peticiones realizadas, las cuales se pueden eliminar con un simple toque. Las traducciones sin conexión son mejorables.

El software que se encarga de alimentarlo está basado en Android, aunque es perfectamente compatible con el sistema operativo iOS, así que se puede utilizar con un iPhone. Se carga por medio de un puerto microUSB, aunque es compatible con un cargador inalámbrico de tipo Qi. Uno de sus mejores aspectos es su autonomía, que aguanta perfectamente un día de duración a plena carga, aunque muy probablemente no se vaya a usar durante tanto tiempo.

Publicado en ABC

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