Sobre “fake news”

Natalia HM, estudiante de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández, me escribió porque su profesor, Fernando O., que fue también el mío en mi etapa universitaria y lo considero buen amigo, se lo recomendó. Me pidió ayuda para su trabajo sobre desinformación y “fake news”. Estas son mis respuestas.

1. ¿Suelen tener características en común las Fake News? ¿Cuáles?
Las llamadas “fake news” o noticias falsas no es más que una etiqueta, una extensión de la desinformación generalizada a lo largo de la Historia. Ha puesto en jaque a democracias. La mentira siempre ha corrido más rápida que la verdad, aprovechándose por gobiernos y grupos peligrosos para intentar influir en el debate público. Lo que ha cambiado ahora es el vehículo de transmisión.

En la actualidad, y como consecuencia del auge de los servicios y herramientas digitales que establecen una bidireccionalidad entre ciudadanos y agentes socioeconómicos, se visibilizan con mayor frecuencia. Pero, al mismo tiempo, la corrección y desmentidos de bulos se ha acelerado. Independientemente de la temática, las “fake news” presentan una serie de características comunes como la presencia de un agente emisor malintencionado (normalmente personas individuales o grupos con intereses), un mensaje (que generalmente viene sesgado, manipulado o directamente es una mentira) y, sobre todo, un receptor (que suele tener siempre el mismo perfil; personas con ideas preconcebidas).

Todo ello forma un caldo de cultivo que ante cualquier impulso se logra inocular en la mente del ciudadano una verdad alternativa y parcial que, difícilmente, será negada por ellos a pesar de las evidencias. El 60% de los españoles, según un estudio de la Universidad Complutense de Madrid (PDF), cree detectar las noticias falsas, pero en realidad solo un 14% lo consigue.
2. ¿Estas afectan del mismo modo a toda la sociedad o más a un grupo de población en concreto? ¿Cómo?
En su capacidad de manipular a la sociedad, cualquier ciudadano puede ser víctima. Afectan a grupos de todas las edades y clases sociales por igual, pero suelen ser más digeribles entre personas con ideologías muy marcadas (tanto de extrema izquierda como de extrema derecha) porque reavivan la llama de su visión del mundo. Reafirman su principios e ideas.
Las “fake news” funcionan como una pequeña chispa en su mente; hace falta muy poco para activar el resorte de su ideología. Suelen presentar, además, comportamientos compulsivos e incapaces de detenerse a pensar y a cuestionar cualquier información que les llegue por los diferentes canales. No es una cuestión de edad, sobre todo. Es algo que hay que dejar claro. Los ciudadanos más proclives a “tragarse” estos bulos y capaces de propagar sus mensajes suelen también presentar una falta de pensamiento crítico, por lo que un titular llamativo y seductor logra activar sus emociones rápidamente. Gran parte de estos bulos tienen un alto componente ideológico y se construyen a partir de datos manipulados y retorcidos apegados a la actualidad.
3. ¿Considera que los medios de comunicación tradicionales contribuyen a la propagación de desinformaciones y “fake news”? ¿Por qué?

A lo largo de la historia del periodismo se han dado importantes casos de manipulación sangrante. Medios y pseudomedios de comunicación que han basado toda su estrategia para intentar influir en la sociedad. El miedo, sobre todo, es el mayor vehículo de las revueltas. El miedo a lo desconocido, aún más.
Por lo general, las grandes cabeceras están más fiscalizadas por los poderes fácticos y sus propios lectores con lo que a las “fake news” les cuesta algo más entrar. Desde la proliferación de las ediciones digitales en los últimos años, y como consecuencia de un modelo publicitario perverso que prima audiencias sobre contenidos, los medios han tenido que adaptarse a un nuevo entorno, internet, que no controlaban.

La gran mayoría de empresas periodísticas están basadas en una línea editorial más o menos identificable por los ciudadanos. A veces, la manipulación es sutil; escoger un verbo u otro tiene un poder inmenso para construir los discursos públicos. Hay una línea muy delgada entre ser tendencioso e interpretativo, aunque defiendo que la mayoría de las informaciones en los medios suelen tener tintes de rigurosidad. A veces, los filtros se rompen. La acentuada crisis a la que se han visto sometidos los medios en los últimos años se ha llevado por delante a numerosos profesionales que históricamente se había
encargado de revisar los datos.

La rapidez a la hora de publicar lleva, en muchas ocasiones, a no contrastar los datos e informaciones que aparecen en diferentes foros o redes sociales. Es un sistema que prima ser el primero como consecuencia del cada vez más importante tráfico orgánico de buscadores como Google. Salir en los primeros resultados es garantía de visitas. Razón de más para recordar que el actual panel de medición más utilizado en los países se basa en una metodología que, por lo general, no sabe discriminar diferentes fuentes de sus audiencias, metiendo en el mismo saco a lectores fieles y a usuarios “paracaidistas” que abrazan simplemente los contenidos que se viralizan. Todo ello ha generado un escenario en donde en muchas ocasiones se publica lo primero que aparece en internet sin apenas contrastar (que es el primer deber del periodista).

4. En estos mismos medios, ¿funcionan los mecanismos de control de las desinformaciones? ¿Por qué?

Antiguamente, antes de la crisis financiera del año 2007 los medios de comunicación más importantes contaban con lingüistas, correctores y revisores de las informaciones que se publicaban, pero fueron puestos que se eliminaron para centrarse en el “core”, en el núcleo, del negocio editorial, la publicación de información. Este cambio ha llevado a que el periodista ejerza en la actualidad de hombre-orquesta en el que, además de generar su noticia, debe encargarse también de su edición. Esto ha perturbado, en parte, la cadena de valor del periodismo al saltarse algunas medidas de seguridad, con lo que se expone aún más a publicar un error.

También el ecosistema de medios ha cambiado con la irrupción de las redes sociales desarrollándose una bidireccionalidad entre potenciales lectores. Antiguamente, el medio era un único prescriptor. Ahora, el lector es un “prosumidor” -productor y consumidor- con lo que presta su tiempo en muchas ocasiones a hacer las comprobaciones que el propio periodista no ha tenido ocasión de ejecutar durante la elaboración del contenido, dejando plasmado en redes sociales las posibles lagunas de las noticias. Y este escenario ha provocado un auge de de las empresas de “fact checking” -verificación de hechos- como Newtral, Maldita o EFE Verifica en España que han cubierto esa carencia existente en las empresas periodísticas para hacer negocio.

5. ¿En qué red social considera que se comparten más bulos? ¿Por qué?

En principio, todas las plataformas son susceptibles de recibir y difundir bulos. Las que tienen una vocación más abierta (Twitter, Facebook) han acometido algunas medidas para intentar reducirlas como la eliminación de “bots” y perfiles falsos por medio de una combinación de sistemas de automatización y equipos de revisores humanos que se ha demostrado como altavoces para amplificar los mensajes sesgados.

Tras un escrutinio público más agresivo en los últimos años, las “fake news” se han trasladado a servicios con una vocación más privada como WhatsApp, aplicación de chat más usada en el mundo y en España. Su entorno más privado y su falta de control sobre los mensajes ha dado inicio a campañas de desinformación difícilmente detectables. Muchos grupos políticos la han utilizado para fines particulares, con lo que la propia empresa, filial de Facebook, ha tenido que intentar reducir esta lacra con, entre otras medidas, limitar el número de mensajes reenviados.

6. Según Maldita.es las desinformaciones son especialmente peligrosas en WhatsApp ¿está de acuerdo? ¿Por qué?

Sí, como he dicho en el punto anterior, son más peligrosas porque no se pueden controlar tan fácilmente. Esta “app”, que cuenta con más de 2.000 millones de usuarios registrados en todo el mundo, tiene varias medidas de seguridad y privacidad como que las conversaciones vienen cifradas por defecto con un sistema de “extremo a extremo”.

Una medida que significa que ni la propia compañía puede interceptar los mensajes que viajan por sus servidores, con lo que hace más difícil detectarlos. De ahí que hayan proliferado los mensajes en cadena (virales, humorísticos pero también de contenido político) que ahora intenta atajar la compañía. Partidos como Vox en España o Alianza por Brasil de Bolsonaro la han utilizado para sus campañas. Son más peligrosas también porque al tratarse de un ecosistema más privado en donde se dan cita, en principio, familiares y amigos, el usuario suele bajar la guardia y considerar que todo lo que comparte su entorno es fiel a la realidad con lo que no lo pone en duda. Por lo general se trata de mensajes que atacan a las emociones de las personas con lo que estas actúan muy rápido a la hora de propagarlas, a veces, inconscientemente.

7. ¿Considera que las personas mayores son más vulnerables a la hora de recibir y compartir bulos o esto no depende de la edad? ¿Por qué?
Todas las personas, independientemente de su edad, clase social y estudios, están sujetas a “tragarse” un bulo. No hay distinción, pero es cierto que las personas que suelen tener hábitos más depurados de lectura de información de distinto signo político y son más abiertas al debate, suelen poner en cuestionamiento todo lo que reciben.

8. ¿El ámbito/temática del contenido de las Fake News o desinformaciones que reciben las personas mayores es similar al que recibe el resto?

Sí, pero todo depende del círculo en el que se encuentre cada persona. Por lo general, los ciudadanos tienden a buscar ambientes de pertenencia en donde compartan ciertas ideologías, por lo que con la edad se reafirman las ideas políticas. El problema es que cuanto más prejuicios se acumulan más posibilidades se tiene de “aprobar” todos los mensajes que se recibe.

9. Tras un tiempo, ¿cree que se dan cuenta de que era mentira? ¿Cómo?

Hay un problema social que es la falta de concienciación, de saber estar, del sosiego y del debate argumentado. Por una razón u otra no se sabe discutir. No se ha trabajado desde pequeños la capacidad de asumir errores y pedir disculpas. Y esta situación provoca que apenas se construyan escenarios de diálogo. Desconozco si tiene que ver con la cultura occidental o el contagio de programas de televisión y tertulias que solo buscan grandes audiencias que, para conseguirlo, tienden a polarizar el discurso público. De tal forma que, es posible que una persona, en algún momento dado o días después de difundir un bulo, se dé cuenta de la mentira, pero apenas nadie lo reconocerá públicamente.

10. ¿Cree que las personas mayores tienen la misma capacidad de detectar información falsa que las jóvenes? ¿Por qué?

Sí, por supuesto. Las personas más moderadas y con hábitos de lectura periodística más asentados suelen ser aquellas que más en cuestión ponen todo aquello que recibe, pero como he dicho anteriormente, servicios digitales de dimensión privada como WhatsApp hace que se baje la guardia. Todos estamos sujetos a asumir una mentira como la realidad. Es algo que se lleva estudiando desde hace décadas en términos sociológicos.

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