¿Cuáles son las claves del éxito innovador de Elon Musk?

Naeema Khan Asensio, estudiante en el grado de publicidad y relaciones públicas de la universidad de Girona, contactó conmigo hace tiempo para participar en un trabajo fin de grado sobre el éxito innovador de Elon Musk. Aquí dejo algunas preguntas que me hizo brillantemente y respondí por si le sirven a alguno que le interese la figura del empresario.

1.-¿Considera a Elon Musk un innovador? ¿Por qué?

Sin lugar a dudas, Elon Musk es una de las mentes más brillantes de las últimas décadas a pesar que su propio personaje le ha engullido. El emprendedor revolucionó en 1998 el comercio electrónico con la pasarela de pago PayPal, continuando, más tarde, por distintos proyectos de gran proyección internacional como Tesla o SpaceX. El primero se ha convertido en el espejo al que mirar por la industria de la automoción. Tuvo problemas de escala, pero su modelo de negocio estaba claro, generar una dependencia de su tecnología de carga de baterías para un futuro, el de los coches eléctricos, que están en desarrollo en toda la industria. Con SpaceX, en cambio, ha logrado poner el foco en una nueva edad de oro de la exploración espacial con una visión muy innovadora como la reutilización de cohetes.

De todos los proyectos en los que está involucrado de alguna u otra forma, Hyperloop es uno de los que menos sentido tiene. La necesidad de realizar una obra tan faraónica para transportar cápsulas a 1.200 kilómetros por hora o la falta de demostración factible de su funcionamiento le pueden humanizar. De igual forma, Neuralink, con el que pretende “espiar” el cerebro o conectarlo a una máquina tampoco ha dado grandes resultados, puesto que todo lo presentado tenía carencias científicas y, algunas cosas que se han podido ver, ya estaban “inventadas”. Y habrá que ver otros proyectos como Starlink. Pero es un gran “vendedor”, a eso no le supera nadie.

Hay una idea preconcebida a nivel social que todo genio tiene su parte de locura. Precisamente a Nikola Telsa, del que ha tomado “prestado” su apellido por admiración, también fue considerado como un genio loco que coleccionaba rarezas, pero muchas de las historias se han demostrado falsas. Elon Musk ha potenciado esa “extraña personalidad” en los últimos años. Es talentoso y con gran dedicación. Es consciente que provocar es la dinámica a seguir en estos momentos y lo que permite ser el centro de atención. Lo sabe y lo explota en su beneficio particular. Aunque a veces le pasa factura: en febrero publicó un “tuit” sobre el bitcoin que le costó a Tesla una caída en bolsa del 8%.

Sin saberlo a ciencia cierta, de cara al graderío se le considera a Elon Musk como una persona espontánea. Pero una persona no logra levantar un imperio y montar proyectos como Zip2 o PayPal -que por cierto, se vendió a la empresa de subastas Ebay por 1.500 millones de dólares en 2002- sin tener una estrategia clara. Twitter es una herramienta para él fundamental en la toma de decisiones; tiene mucha presenta en esta plataforma, sondea a sus seguidores y le permite, como le sucedía a Donald Trump, estar constantemente en en el fuego. Es un meticuloso comunicador que organiza sus presentaciones como un verdadero show. Domina los tiempos, el arte de lo visual y las relaciones con los medios.

Aunque a veces se pasa de frenada, sus mensajes a través de sus perfiles oficiales en redes sociales le sitúan en el candelero. Juega al despiste, con asombrosos cebos y mensajes crípticos que persiguen un fin, generar necesidad e interés. Es un maestro den estas lides, lo tiene muy estudiado. Y lo consigue: cada “tuit” que lanza se convierte en noticia.

Por proyectos, el que más atracción me genera es Telsa. El primer automóvil fue impulsado por un motor eléctrico, pero la industria se plegó a los intereses de la industria petrolífera para extender los motores de combustión. Tesla ha colocado en la agenda política y el debate social la importancia de los vehículos eléctricos. Pero su naturaleza tampoco es la panacea. Sus baterías contaminan, pero ha trazado un plan para que exista una dependencia de sus cargadores y sus productos para la fabricación de otros coches de este tipo. Este cambio de paradigma, al menos, supone una aportación positiva al entender, por fin, que el transporte rodado debe ser más “verde” y ecológico, pero Musk no lo hace por amor al arte. Persigue un beneficio económico en toda regla. De igual manera, su obsesión por llegar a Marte ha agitado a la industria aeroespacial para que aparezcan nuevas inversiones y exista una nueva carrera espacial. No sabemos hasta dónde llegará pero es cierto que colonizar Marte está algo más cerca que hace unos cuantos años.

Publicado por josedaze

Periodista especializado en tecnología, innovación y economía digital, con habilidades en SEO, marketing digital y social media. Amante del rock y las motos.

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