ChatGPT: más madera hacia la desinformación

El fenómeno digital del año se ha escrito solo. Se ha producido de manera aleatoria y fugaz, como por arte de magia, pero de manera autónoma. La irrupción de las últimas inteligencias artificiales generativas ha abierto la puerta a una nueva internet. Una construida por máquinas. A medida que han transcurrido los meses han mostrado su potencial las “Dall-e” y los modelos de aprendizaje automático Stable Diffusion o Midjourney. Una alucinante puesta en escena de lo que es capaz un sistema entrenado a la hora de generar contenido, en este caso visual y gráfico. Los resultados son verdaderamente sorprendentes. 

La guinda del pastel ha sido ChatGPT, una inteligencia artificial gratuita que está revolucionando internet. En solo cinco días ha logrado acumular más de un millón de seguidores. Consiste, a bote pronto, en un servicio conversacional que puede entregar textos gramaticalmente correctos que podrían hacerse pasar por los de un ser humano. Hasta ahí todo correcto. Jugar con sus prestaciones ha sido uno de mis divertimentos de las últimas semanas. Se le puede pedir casi cualquier cosa y el efecto es siempre el mismo: sorprendente. En pocos segundos es capaz de producir información de todo tipo, incluso desarrollar código de programación. Imagina el tiempo que un programador ahorraría. 

El problema, al menos por ahora, es que es un maestro del engatusamiento. Puede crear textos de la nada, seguir una conversación filosófica, pero no domina el arte de la veracidad. Construir texto, elaborarlo, sin esa variable puede alimentar aún más el monstruo de la desinformación. En poco tiempo, en cuestión de meses, internet se puede llenar de textos falsos bien escritos, seductores y amigables. De momento, sus resultados son más bien planos, sin apenas alma. Pero académicamente impolutos. 

No dudo que en un futuro las crónicas deportivas y financieras las escriba una máquina. Ya hay ejemplos en “The Guardian” o “The Washington Post” de artículos que los ha creado una máquina. Pero tengo la impresión que sus beneficios serán más bien a base de ser herramientas colaborativas. El papel del periodista será, aún más sin cabe, imprescindible. Se necesitarán más profesionales para verificar la información disponible, para añadirle esa pizca de alma que de momento son incapaces las máquinas. 

Porque la máquina, sin embargo, no es perfecta. Al menos por ahora. En algunas pruebas que he hecho, los errores son habituales. Para la formulación de textos históricos puede ser un complemento fundamental; para la actualidad, necesitarán de otras fuentes para lograrlo. Lo he probado pidiéndole un artículo sobre la rendición de Breda en la época de los Tercios españoles, un artículo sobre una crónica de un partido de fútbol o preguntas filosóficas como “¿Cuál es el sentido de la vida?”, cuyos resultados son exactamente los mismos que los de otros usuarios. 

Aventurarse a adelantar cuál es el futuro de las IA generativas es, cuanto menos, arriesgado. Pero en esa caldera de contenido para generar tráfico a través de buscadores va a entrar mucho carbón producido por máquinas. Sospecho que webs, blogs, agencias y otros espacios informativos solicitarán de la ayuda de esas máquinas para llenar textos de manera rápida, pero que apenas tendrán validez y calidad. Más que nada porque acierta unas veces y otras veces, muchas, no tanto. Y la rapidez, en la prensa, ya sabemos lo que trae consigo.

Publicado por josedaze

Periodista especializado en tecnología, innovación y economía digital, con habilidades en SEO, marketing digital y social media. Amante del rock y las motos.

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