Quince días con el Xiaomi Redmi Note 7

No por esperada es menos atrevida su fórmula; el modelo de negocio al que se ha acogido Xiaomi casi desde el primer día lo vuelve a repetir en su último terminal, el Redmi Note 7. Una propuesta saludable (para el bolsillo) y agradable (para los más exigentes) que cumple con lo prometido.

Este modelo fía todo su éxito a esta idea tan peregrina pero efectiva que es reducir cada vez más los precios de salida. Y, con ello, se coloca, por prestaciones y desempeño, en la posible lista de los móviles a recomendar este año para más de uno. Lo tiene (casi) todo para estar a la altura. Es un dispositivo de gama media pero con altas miras. Es presuntuoso, pero porque puede. La franja de precios en donde se coloca (179 euros) dice más de lo que reflejan los números.

Este modelo, capaz de satisfacer a aquellos usuarios que no desean pasar por el aro de las limitaciones, apuesta a caballo ganador con la mayoría de sus prestaciones. Su pantalla de tipo LCD es de 6.3 pulgadas pero, dado su diseño de apenas sin bordes, es bastante cómodo en su manejo diario. La pantalla extrae una resolución Full HD+ (2.240 X 1.080 p) que está a la altura de las circunstancias pero que representa una muestra de concesiones. Ofrece un buen resultado, aunque se echa en falta algo más de brillo, pero cuando uno piensa en el desembolso se le reduce esa sensación. Bien podríamos calificarlo de suficiente.

Cuenta con un diseño «clásico» ya en los tiempos que corren; esto es, pantalla casi sin bordes y un «notch» o pestaña en forma de gota de agua, que se ha venido replicando en numerosos dispositivos en el último año. Es más bien un alarde de la capacidad de la marca en diseñar un terminal moderno pero que no eleva el listón de la innovación en esta industria que parece haber agotado el manantial de las ideas. Más resultón es su estética; no está fabricado con lo que se llama en el argot tecnológico materiales «nobles» -metal, vidrio-, pero ni le hace falta. Eso sí, se siente poco «premium». El acabado, brillante y compuesto por cuatro colores distintos, ofrece buenas sensaciones y un efecto degradado-resplandeciente muy atractivo.

Menos fino ha sido el trabajo de ensamblado de la pantalla, que queda algo rudimentario y sobredimensionado en comparación con el chasis. Al igual que la excesiva protuberancia en donde se albergan las dos cámaras traseras. No obstante, es su apartado fotográfico uno de los aspectos más llamativos. Los números ya insinúan su voluntad de marcar récord: dos sensores, de 48 y 5 megapíxeles, es la base para capturar imágenes de bastante calidad. Incluye un modo retrato para mejorar algunas escenas, así como un impresionante modo noche que logra un buen resultado.

En cuanto al motor escogido para la ocasión, no le falta finura pero tampoco es lo que más le gustaría a los usuarios más exigentes. Para esta ocasión la firma asiática se ha decantado por un microprocesador de Qualcomm. En concreto, el modelo Snapdragon 660 que, sin ser el más avanzado del mercado, es capaz de aguantar mucho tute diario. Y más teniendo en cuenta sus acompañantes, 3, 4 o 6 GB de memoria RAM en función de la versión elegida. El aspecto positivo es que viene muy «limpio» de servicios que, en general, consigue una potencia más que de sobra. Viene con un Android muy coqueto, Android 9.0, personalizado por una capa propia, EMUI 10.

En su capacidad de almacenaje es donde se nota que estamos ante un terminal de gama media. Solo cuenta con dos versiones, de 32 y 64 GB, que se intuye muy escaso en los tiempos que corren. Hay una versión, quizás la más recomendable, que alcanza los 128 GB de memoria con 4 GB de RAM, pero su precio, como es obvio, se dispara. Por fortuna, dispone de una habilidad especial que muchas marcas todavía conservan (para bien): una ranura para tarjetas microSD. También hay otras renuncias; no dispone de audio estéreo.

Una de sus virtudes se encuentra en su batería, de 4.000 mAh, que sostienen el móvil durante día y medio casi sin pestañear. También goza de su propio sistema de carga rápida. Una tecnología que debería ser un «must» hoy en día en la telefonía móvil. También hay que destacar, para mal, la ausencia de un chip NFC, necesario para realizar compras en comercios, pero sí apuesta por conservar la clavija «minijack» para auriculares.

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